UN “FALSO DEBATE” EDUCATIVO


En fechas recientes la Consejería de Educación ha hecho públicas las aportaciones que desde Asturias se han enviado al MEC, con motivo del “debate” abierto a partir del borrador de la nueva ley educativa.
Desde esta Plataforma queremos en primer lugar sumarnos a las críticas realizadas por otras entidades educativas, sociales y sindicales, respecto a la ausencia de un diálogo realmente serio y consistente, confirmando entre otras cosas “lo que se veía venir”, dada la premura con la que se ha querido hacer todo y el escaso plazo concedido, de apenas dos meses, para reflexionar y dialogar sobre un tema de tanta trascendencia como la Educación.
Asimismo, en lo que respecta al capítulo dedicado a “la enseñanza de las religiones, la Plataforma asturiana RELIGIÓN EN LA ESCUELA se ve en la necesidad de denunciar un proceso de debate abiertamente sesgado tanto en su origen, como en su desarrollo y en las conclusiones a las que pudiera creerse que la comunidad escolar ha llegado.
De hecho, si ya lamentamos en su momento el planteamiento que se hace sobre el asunto en el borrador de la nueva ley educativa, el cual rechazamos por cuanto margina de manera expresa el estudio confesional de la religión, no fue menor la decepción al comprobar la calculada ambigüedad de muchos puntos y el hecho de que las preguntas formuladas para la discusión no apuntaban a una reflexión profunda y abierta, sino más bien a un “darse la razón escuchando lo que uno quiere oír”.
Todo parece indicar que lo que finalmente se ha querido buscar por parte de la Administración educativa no es un verdadero debate, sino una forma de “prepararse el camino” para justificar sus planteamientos ante la sociedad, presentando una nueva ley educativa como fruto del deseo compartido de todos.
En lo que respecta al proceso seguido para el debate, los resultados no pueden ser más pobres. Apenas el 50 % de los IES ha participado, y en el caso de los Colegios públicos este porcentaje sólo alcanza el 32%, mostrándose con ello, entre otras cosas, el hastío de la mayor parte del profesorado ante una reforma educativa que, por desgracia, sigue situándose más en un plano ideológico que en la búsqueda de las mejoras necesarias para el bien de la educación.
Además de ello, tampoco queremos dejar de denunciar públicamente algunas maniobras que de manera hábil se han realizado con el fin de favorecer unos resultados afines a los planteamientos de la actual Administración educativa. Así, el Consejo Escolar del Estado se ha configurado previamente con una composición más acorde a las perspectivas de la nueva ley educativa, reduciendo entre otras cosas la presencia de los miembros que representan a la Escuela Católica. También se ha concedido mayor relevancia y participación a entidades y sectores educativos con escasa representación social, mientras muchos no hemos tenido más posibilidad que la de participar a modo personal en el foro educativo abierto por el MEC en su página web. O, por ejemplo, en nuestra comunidad autónoma parece concedérsele una gran trascendencia a unas jornadas celebradas en Mieres y promovidas por el Consejo Escolar del Principado de Asturias, en las que no cabe hablar de la precisa transparencia a la hora de elegir las personas asistentes al mismo.
Sin querer en absoluto menospreciar la participación de nadie, cuyas aportaciones entendemos como positivo ejercicio democrático, sí solicitamos que éstas se valoren en su justa medida y se les conceda la representatividad correspondiente a su relevancia social. Y en especial queremos denunciar el silencio concedido a otras voces que sí se han manifestado de forma contundente, como es el hecho de que 99.000 asturianos (y más de dos millones y medio a nivel nacional) se han pronunciado de forma expresa con su firma en contra del tratamiento que el borrador hace del estudio de la religión confesional y a favor de una regulación donde ésta se sitúe en igualdad de condiciones al resto de las materias académicas.
Por otro lado, las conclusiones recogidas en el documento aportado por el Principado de Asturias, no sólo silencian esta contundente voz ciudadana, sino que incluso muestran un especial interés por destacar aquellas aportaciones que abogan por una enseñanza de la religión fuera de la escuela, yendo con ello más allá de nuestro ordenamiento jurídico y poniendo desde ahí en cuestión artículos de la misma Constitución o sin más de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Sin embargo, a nadie se le escapa tras la lectura del citado documento que la escasa unanimidad de la práctica totalidad de las aportaciones, unida al pobre universo sociológico y educativo participante, merman en gran medida su credibilidad y consistencia.
No obstante, desde esta Plataforma se quiere hacer público reconocimiento de todas aquellas personas y entidades del ámbito educativo que, incluso en estas difíciles circunstancias planteadas, han tenido la osadía de defender una enseñanza digna de la religión confesional. Y mención expresa queremos hacer del no posicionamiento respecto al asunto de la FAPA “Miguel Virgos”, lo mínimo que se podría pedir si nos atenemos a que la rotunda mayoría de los padres asturianos opta porque sus hijos cursen Religión Católica, pero que sin duda supone un desmarque de la actitud mostrada a nivel nacional por la CEAPA, entidad que arrogándose la representatividad de los padres no hace más que “dar rienda suelta” a los prejuicios ideológicos de quienes ostentan sus cargos.
Con todo, aún cuando no está del todo cerrado el proceso de debate, todo parece indicar que nos vamos a encontrar con una nueva oportunidad perdida para avanzar hacia un consenso por el bien de la educación, donde la búsqueda de la mejor educación para nuestros niños y jóvenes prime por encima de otros intereses y posiciones ideológicas.
Es por ello que desde esta Plataforma se quiere realizar un llamamiento a nuestra actual Ministra de Educación para que no desoiga el rechazo que producen algunas de sus propuestas y tenga la preocupación de buscar fórmulas de consenso donde “entremos” todos o, al menos, la mayoría. La indudable legitimidad de todo Gobierno nacido de las urnas no concede por ello ningún derecho a convertir sus actuaciones en un “trágala” para sus ciudadanos, pues se espera de él que ejerza sus funciones de cara a todos y no sólo a “su público”, siendo especialmente preocupante el escudar tales acciones tras un falso diálogo y debate. Sin duda todos esperamos otra cosa del reiterado “nuevo talante” en la forma de gobernar.
Finalmente también queremos llamar la atención sobre el impulso que determinados posicionamientos del Gobierno, como el que nos ocupa, están concediendo a personas y entidades de marcado carácter laicista que con sus actuaciones crean una grave alarma social, por cuanto niegan la realidad cultural de nuestro pueblo y solo pretenden imponer a todos sus minoritarios principios ideológicos amparándose bajo una falsa tolerancia.
Por nuestra parte, la Plataforma asturiana “Religión en la Escuela” avanza con paso firme y está recibiendo la adhesión de numerosas personas, entidades y colectivos sociales, que desean una educación integral de los ciudadanos en la que se respete el derecho de los padres a elegir la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. En fechas próximas se dará a conocer de forma pública tanto la Plataforma como las entidades que de manera inicial la respalden.
Oviedo 30 de Diciembre de 2004