
Juan José García Fernández/(miembro de la Plataforma Asturiana Religión en la Escuela)
Se empeñan quienes pretenden
imponernos a todos la no-religión en la escuela en mantener su posición con
argumentos fácilmente contestables por inconsistentes: «La religión en la
escuela no tiene sentido en un Estado laico como el nuestro», «es pura
catequesis y adoctrinamiento», «pretende evaluar la fe de los alumnos», «no es
más que un privilegio de la Iglesia y los obispos», «los que la apoyan quieren
obligar a todos a estudiarla», etcétera.
Pero luego llega el comienzo de curso y la tozuda realidad se impone, una
abrumadora mayoría de padres opta por que sus hijos asistan a la clase de
religión, hecho que en las actuales circunstancias, con la que está cayendo,
resulta especialmente significativo.
Y no hay que buscarle tres pies al gato, la razón de esta libre elección de los
padres se sustenta, fundamentalmente, en el básico y sencillo sentido común
paterno: los padres queremos que nuestros hijos reciban en la escuela la mejor
educación, que aprendan de todo, que lleguen a ser ciudadanos cultos, bien
informados y formados, con lo que rechazamos cualquier tipo de ignorancia,
también la que tiene que ver con una realidad cultural e histórica tan innegable
como la del hecho religioso, sean cuales sean los propias creencias. Por lo
demás, mejor tenerlo en clase de religión aprendiendo algo, pues al fin y al
cabo, para eso es la escuela, ¿no?
Pregunto a nuestro actual Gobierno: ¿por qué ver en la asignatura de Religión un
problema, una amenaza, un peligro? ¿Por qué tanto miedo a la libertad?