
¿Religión o nada?
En relación con el reciente artículo publicado en «Cartas al director» con el título «Religión o nada», me urge compartir con el firmante las siguientes anotaciones.
Si, como dice el compañero, la alternativa a la Religión, la mal-llamada «Atención Educativa», es tan sólo «nada», poco se podrá ofrecer educativamente al alumno desde la cátedra de la nada. Evidentemente, la «nada» como oferta ni atiende, ni educa. No me imagino a ningún profesor capaz de sacar algo de la nada, a no ser que alguien se considere un demiurgo, o su engolamiento le lleve a recrear el capítulo 1 del Génesis desde su particular microcosmos.
En efecto, de postular a Dios como aquel capaz de crear desde la nada, la criatura no podría, desde su peculiar condición, entrar en tan peligroso juego. Es cierto que la Biblia alude también a otra situación primordial además de la nada, la del «tojubaboju», un término semítico que los exégetas han convenido en traducir por caos y confusión. En efecto, la nada o, si se quiere, el caos y la confusión son las realidades con las que nos tenemos que topar en este triste inicio de curso.
Interesante cuestión ésta de la nada, pues si, como postula la mecánica cuántica, todo surge de un «vacío cuántico» primordial, una especia de «nada cuántica», habría que preguntarse cómo el todo surge de la nada. O bien, como le gustaba glosar a Juan Luis Ruiz de la Peña, ¿cómo explicar que lo más surja de lo menos? Parece que las epistemologías que niegan la hipótesis de Dios lo tienen bastante feo para acometer este reto.
Por otro lado, para nosotros la nada es una clara situación pre-creatural; es esa realidad no inteligible por carecer de orden y sentido; en definitiva, el «tojubaboju» semita antes mencionado. El hombre del Génesis, Adán (palabra también semítica que significa ser humano, humanidad), cuando rompe su vínculo con Dios, lo rompe con su compañera, con el resto de la creación y consigo mismo, pues acaba desquiciado. Rotos los enganches con esa realidad, se pierde a sí mismo, pierde su derecho de ciudadanía para seguir en el país del Edén y se dispersa en la soledad radical; al fin y al cabo, la nada. Resulta curioso que ese Adán, que en un principio baila en la armonía de la danza de la creación, al final se pierde a sí mismo. Por querer más, por quererlo todo, se queda en «nada». No hay más que darle la vuelta al nombre de Adán para leer la palabra «nada», pues «nada» es en lo que se convierte el ser humano al invertirse a sí mismo negando-se su condición de criatura.
Pues bien, parece que alguien intenta contribuir con la «nada» como alternativa a desquiciar este particular universo que es la escuela. Tengo que advertirles que el propio dinamismo de la creación es más sabio que ellos...
Por otro lado, si la «alternativa» parece naufragar hacia la nada, no hay que ser muy lúcidos para caer en la cuenta de que reduciendo a «nada» la alternativa se intenta «nadificar» la asignatura de Religión. Ése es el propósito, el de ningunear la asignatura de Religión, y no el de despertar el espíritu demiúrgico de algunos profesores. La cosa es aún más dolorosa si se piensa en que esta «Atención Educativa» cotiza igual que todas las demás asignaturas y, por ende, quien tenga que asumir dar clases de «nada» va a cobrar lo mismo que si diera «todo» lo demás.
No me gustaría terminar esta reflexión sin decir que mis alumnos «no nadan en la nada»; creo que ellos disfrutan con la asignatura, aunque siempre nos queden muchas cosas por decir; será que ellos son lo suficientemente inteligentes para discernir entre el «todo o nada».
Lisardo Santirso Vázquez,
profesor de Religión y miembro de la Plataforma Religión en la Escuela
Oviedo