Marta, la laicista
Cuenta el evangelio de Lucas que yendo Jesús de camino se encontró con las hermanas Marta y María (Lc 10,38-42). Pues bien, permítanme jugar con el texto para comentar las recientes votaciones acontecidas en el Consejo Escolar del Estado, en relación al deseado orillamiento escolar de la asignatura de Religión por parte de este organismo fabricado a medida de los ideólogos de este laicismo beligerante e intransigente que tantos sustos nos viene dando últimamente.
En efecto, Jesús, a la guisa de un psicodrama, se topa con dos hermanas que en cierto modo evocarían dos actitudes, a saber, la de María que “sentada a los pies del Señor escuchaba su palabra” mientras que la otra hermana, Marta, estaba perdida entre sus tareas. Marta parece no comprender que alguien pueda “perder el tiempo” manteníendose absorto a la escucha de la palabra de Jesús. El activismo de Marta se contrapone a la quietud de María, el psiquismo agitado de Marta se confronta con la espiritualidad serena de María. La visión prejudicial de Marta, absorta en sus quehaceres laicistas, dominada por la facticidad del presentismo cotidiano, entra en liza contra los que siguen deseando saber más acerca del mensaje de Jesús, ese 80% de nuestros queridos alumnos que, como María, y en medio de tanta tempestad, siguen prefiriendo escuchar a Jesús.
La respuesta de Jesús resuena hoy entre las paredes del Consejo Escolar del Estado: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas”... ¿Qué habrá en el corazón de Marta, bajo esa insistente preocupación de romper la simetría de una votación?. Marta no admite que haya otras actitudes ante la vida, quiere llevarse a su redil a María, por eso exhorta a Jesús para que su hermana no le deja sola en el trabajo. Pero es que María no se mete con Marta, su actitud, la de empaparse de la elocuencia de Jesús, no le mueve a la intransigencia.
La sabiduría del relato se deja ver en el último versículo: “María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. En efecto, esa manía de querer “borrar” del escenario educativo la asignatura de Religión no puede responder a nada bueno, evoca, eso sí, desconfianza, intransigencia, talante autoritario, irracionalidad, miedo a la búsqueda de un consenso que posibilite que ambas, Marta y María, laicistas y degustadores de las verdades evangélicas, puedan convivir juntas dentro de la misma casa, pues no olvidemos que para nosotros Marta siempre será nuestra hermana. Que así sea.
Lisardo Santirso Vázquez.
Profesor del IES “Astures” de Lugones