LA MANIFESTACIÓN CONTRA LA LOE
Pocas veces ha resultado más patético el esfuerzo de algunos sectores políticos, y medios de comunicación afines, por ningunear el éxito evidente de la pasada manifestación del 12N en Madrid, menospreciando la rotundidad de lo que ha sido una ejemplar expresión cívica y demócrata, y procurando crear la máxima confusión respecto a sus verdaderos fines y promotores.
Primero va la vicepresidenta del Gobierno y organiza apresuradamente un “auto-viaje de estudios” a Roma (qué asesores tendrá esta señora), después viene la Delegación de Gobierno en Madrid y en un inaudito intento de negar lo que cualquiera ha podido ver, habla de sólo 407.000 participantes (menos mal que no dieron decimales). Luego, ante la innegable realidad, especialmente burda resulta la estrategia mediática encaminada a darle un contenido y una intención distinta a la que realmente tuvo. Véanse si no las imágenes publicadas de "la nueva cruzada", los fotógrafos "a la caza" de alzacuellos y dirigentes del PP (y qué tendrán las monjas, allí donde van, foto segura). Sin embargo, bien sabemos los que estuvimos lo que fue su verdadera realidad, un sano ejercicio de libertad nacido de la simple preocupación ciudadana por demandar la mejor educación para nuestros hijos. Afirmar otra cosa es visitar la Capilla Sixtina y fijarse como determinante en los pomos de la puerta de acceso. Y por cierto, no sabe uno si lo peor es el intento de confundir respecto a los verdaderos protagonistas de la jornada, o el empeño por estigmatizar la libre participación de cualquier ciudadano, sea este de cualquier partido o confesión.
Aún con todo, lo peor estaba por venir. Al día siguiente, el asunto de discusión en algunos medios era ya el de la crispación social (será porque no lanzamos piedras ni cortamos carreteras) y viene la respuesta del Gobierno desde su Ministerio de Educación y del PSOE desde su secretario de organización: el sábado ha habido dos millones de mentirosos en las calles de Madrid. Qué lamentable e irresponsable ocurrencia y qué falta de respeto hacia quienes solo reclamamos derechos ciudadanos y exigimos verdadero consenso educativo para bien de todos, después de un largo proceso en el que se nos negó la más mínima aportación.
No quisiera de todos modos perder la esperanza de que finalmente el sentido común se imponga y que el Gobierno asuma la responsabilidad que le corresponde. La respuesta dada por el presidente Zapatero de recibir a los convocantes de la manifestación bien pudiera entenderse en ese sentido; al menos es un paso, hasta hoy ni siquiera se había dignado atender a quienes se lo solicitaban con más de tres millones de firmas. Eso sí, confiemos en que sea algo más que un gesto y no una estrategia más de cara a la galería, de todos es sabida la escasa o nula credibilidad actual del Gobierno a la hora de ejercer un verdadero talante de diálogo. Pienso de hecho que es la frustración e impotencia generada por el Gobierno, al utilizar el deseo común de diálogo como mero parapeto mediático tras el que imponer sus criterios, el origen principal de la crispación social que pudiera haber y que nadie desea.
Y una de dos, o el Gobierno se “cae del caballo” y busca verdaderamente el consenso, o lo acabarán tirando, tal y como ya viene avisando la tendencia de las encuestas. Gobernar contra el 80% de padres que optan por la clase de Religión, abanderar unitariamente una nueva reforma educativa sin tener en cuenta el generalizado malestar por la situación actual de la Educación, o apoyarse en un trasnochado laicismo excluyente e hiriente, puede alegrar a unos pocos pero sin lugar a duda se distancia del “habitat ciudadano” donde reside el caladero de votos que realmente lleva al poder.
Cuánto mejor les vendría a nuestros actuales gobernantes dejarse de manipular la verdad, buscando oscuras conspiraciones partidistas y eclesiales para maquillar sus propios errores, y sencillamente sentarse a la mesa con verdadera voluntad de diálogo. Se lo dice quien desde el pasado sábado se siente como de “estreno”. Al parecer, ahora ya no soy “pancartero” por salir a protestar contra una guerra injusta, ahora soy “un facha retrógrado al servicio de sombríos intereses y que sólo busca mantener privilegios”. Desde luego, qué cruz la de algunos.
Juancho García
Miembro de la Plataforma Asturiana
RELIGIÓN EN LA ESCUELA