Laicismo y religión,fun, fun, fun

Parece ser que algunos no encuentran otra forma de «hacer músculo» progresista si no es a base de arremeter contra cualquier atisbo religioso en la vida pública y tener como «sparring» favorito a los católicos y su Iglesia. Y la verdad, he de reconocer que para no pocos cristianos como yo resulta algo especialmente frustrante y desalentador que la «marca hispánica anticlerical» siga siendo hoy argumento para reafirmar el «pedigrí» de izquierdas. Si ya nuestro Álvaro Cuesta, «el Laico», nos felicitó el día de la Constitución con algo más que un desafortunado manifiesto, que entre otras ocurrencias asemejaba religión y fundamentalismo, este pasado 12 de enero el señor Serxu Solares, coordinador de la sección Oeste del PSOE de Gijón, se despachaba a gusto en este periódico felicitándonos el año con un artículo lleno de demagogia y ofensa gratuita hacia quienes tenemos el «defecto» de considerarnos creyentes. Desde luego, qué manera tienen algunos de felicitarnos las fiestas.


Francamente, no sé, señor Serxu Solares, si sus palabras me provocan finalmente cabreo e indignación o sencillamente hastío y una profunda desazón. Y digo cabreo porque ya está uno más que harto de tener que soportar cómo quienes exigen el debido respeto a la pluralidad de nuestra sociedad, o incluso pretenden adueñarse y reivindicar para sí el discurso de la libertad y la tolerancia, lo ponen de hecho en cuestión con sus palabras y actitudes.


Puede usted defender las ideas que quiera, pero no hace falta, por ejemplo, mofarse de Jesús, María y José hablando de «Jesucristo de mi vida, virgencitas y carpinteritos», algo que resulta hoy más que una cuestión de mal gusto o una falta de educación. Asimismo, no tenemos por qué aguantarle a quien se reconoce ajeno a la fe cristiana que tenga luego el descaro de «meterse en nuestra casa» para decirnos cómo son las cosas, cómo las vivimos o cómo deberían ser, ni tampoco podemos aceptarle que recurra casi al insulto a la hora de aderezar su discurso. Nos tacha usted de hipócritas, poco honestos, insolidarios, con una Iglesia «dispuesta a sacarnos los cuartos»... llegando incluso al exceso de atribuirnos la responsabilidad del consumismo actual y la falta de sensibilidad hacia el pobre y hambriento. Ciertamente, señor Solares, hay tanto disparate en su discurso que, además de resultar elocuente sobre el ánimo que le mueve, creo que se responde por sí mismo. No quiero, sin embargo, dejar de recordarle el innegable papel social de la Iglesia cristiana y su presencia y compromiso con los marginados y excluidos de la sociedad. Ya me dirá usted quién dedica en nuestro país más recursos, tiempo, dinero, personas, organizaciones... a la lucha contra la miseria de nuestra sociedad y nuestro mundo. Sin duda, no cabe ser autocomplaciente, pero tampoco tenemos por qué permitirle que nos descalifique gratuitamente. Por favor, deje de hacer autocríticas en nuestro nombre y pregúntese en tal caso qué es lo que hace usted.


Tampoco deja de resultar paradójico que para poner en cuestión nuestras fiestas o la presencia de símbolos cristianos en Navidad, alguien como usted, a quien intuyo por su nombre defensor de las tradiciones y la lengua asturiana, valore nuestra idiosincrasia y costumbres «al peso», y más si su balanza carece de toda precisión. Se le ve a usted muy incómodo por no encontrarse entre la inmensa mayoría de españoles que se reconocen como católicos o los siete de cada diez padres que eligen Religión para sus hijos, y que le molesta enormemente que esto se exprese en un sencillo belén que no ofende a nadie, pero de ahí a tratar de imponernos a todos su peculiar idea de laicidad o negarnos la inherente dimensión pública de la fe, hay un buen trecho. Por lo demás, resulta especialmente curioso que en su escrupulosa defensa de la pluralidad tengamos que tener en cuenta sus «picores» porque sigamos nuestras tradiciones y a la vez aguantar su alegato lleno de «puñetazos». Y qué quiere que le diga, respecto a su sugerencia de que si se desea celebrar algo el día de Navidad se puede hacer «en homenaje al solsticio de invierno», yo casi prefiero algo así como «el día de Harry Potter», que da más juego para los niños; lo del solsticio ya lo celebraban los romanos y puede colársenos algo que tenga cierta espiritualidad. Aprovecha usted también en su artículo para arremeter contra la clase de Religión en la escuela advirtiendo que hay «cientos de centros católicos o de otro tipo donde poder rezar y adorar a cuantos dioses se quiera». Ciertamente, no acabo de averiguar por qué a algunos les supera tanto el entender que saber o no saber de religión no es una cuestión de fe, sino de cultura o ignorancia (por cierto, el mejor caldo de cultivo para la superstición o el fundamentalismo), o que lo que se hace en la clase de Religión no es rezar ni evaluar las creencias de nadie, sino aprender a interpretar la escena de un cuadro de Rembrandt, saber qué es el ramadán o reconocer las partes de una catedral. No sé en base a qué puede usted negarnos el derecho que tenemos los padres de elegir la mejor educación para nuestros hijos, haga lo que quiera con los suyos, pero no trate de imponernos a todos la no- religión, no es usted la medida de las cosas y ya somos mayorcitos para saber lo que queremos y lo que no.


Con todo, creo que al final lo más significativo (y preocupante) de su artículo es constatar una vez más cómo la falta de argumentos siempre es proporcional al tamaño de los prejuicios, lo que impide la posibilidad de diálogo y entendimiento. Y es que cuando alguien sentencia cosas del tipo «está claro que la mayor parte de las celebraciones y fiestas han sido regalo de 40 años de dictadura franquista» no sabe uno si reír o llorar. En fin, «pa mear y no echar gota».


Juancho García,
miembro de la Plataforma Asturiana Religión en la Escuela
Oviedo