Yo vivo en el extrarradio de la ciudad de Oviedo, en una provincia que está en el extrarradio de un país, que está en el extrarradio de una Europa que aun está por definir, en un planeta que está en un sistema solar situado en el extrarradio de la Vía Láctea, seguramente en el extrarradio de su cúmulo galáctico, que seguramente ronda el extrarradio del Cosmos... Y yo trabajo en un instituto dando clases de una asignatura (Religión) situada en el extrarradio de la estructura curricular del sistema educativo, en un departamento ubicado en el extrarradio de todos los demás departamentos, y cómo no, en el extrarradio del espectro profesional de la enseñanza: personal laboral sin convenio laboral, sin antigüedad...
Uno se va acostumbrando a vivir en el extrarradio, me hace más humilde, evitando la tentación de vanos envanecimientos. Más me consuela cuando pienso que Dios eligió a Abrahán, marcadamente pobre a causa de su doble desesperación, sin hijos y sin tierra, las peores maldiciones que podían caer sobre un hombre. Y más tarde, ese mismo Dios, se compromete con un pueblo, el hebreo, en el extrarradio de todas aquellas civilizaciones gloriosas de entonces: Egipto, Babilonia, Asiria, Persia. Grecia, Roma... Más aun, en un pueblo esclavo, sometido a la dura represión de la esclavitud faraónica. Y lo mismo con David, el más pequeño y olvidado de los hijos de Jesé, el que fuera elegido para asumir la realeza de Israel.
El propio evangelista, Mateo, en su genealogía (Mt 1), tan sólo menciona a cinco mujeres y éstas pertenecían al extrarradio sociocultural de entonces. Éstas, aparte de su madre María, eran Tamar, Rajab, Rut y Betsabé (una adúltera, una prostituta extranjera cananea, una extranjera de los odiados moabitas, y una adúltera infiel, respectivamente). No es de extrañar que Jesús tuviera esa sensibilidad con los marginados del extrarradio. A decir verdad el era de Nazaret, una pequeña población ubicada en la periferia de Israel. Más aun, nació en un pesebre, en una orillada aldea (Belén), y en un contexto de persecución (la matanza de los inocentes), y fue injustamente crucificado extramuros de Jerusalén.
Mi fe se alimenta del evangelio del extrarradio, allí donde el trabajo está amenazado por el rodillo del laicismo intransigente, bajo pretensión de encumbrarse en el altar del pensamiento único. Mi fe se alimenta de este tiempo de crisis, que no es otro que el de nuevas oportunidades. Un tiempo privilegiado para el alumbramiento de un consenso sobre la enseñanza religiosa en la escuela. Me da la sensación de que la oportunidad para un “pacto encomiable” pudiera devenir en “parida incomible”. Si la realidad avanza con la ley inexorable del plusdevenir, no podremos ir a menos, sino a más: más pluralidad de perspectivas, de lenguajes y de convicciones, cohabitando en un espacio común.
Mi fe se alimenta del evangelio del extrarradio, donde la única seguridad, la única certeza, es la del espíritu de la verdad y la libertad que nos conforma e inhabita. Con él, no nos vendremos abajo, queridos compañeros profesoras y profesores de Religión, alumnos y alumnas, padres y madres que seguís confiando en esta asignatura, y gente de buena voluntad que tanto nos animáis, pues en ese espíritu del extrarradio, nos movemos y existimos.
Lisardo Santirso Vázquez.
Profesor de Religión del IES “Astures” de Lugones
y miembro de la plataforma “Religión en la Escuela”