La Religión y el asombro

 

Nos son pocos los que creen que la Religión es algo que ha de reducirse al ámbito de lo privado, por tratarse de una convicción que forma parte del feudo de la intimidad, carente de racionalidad y verbalizable, tan sólo, como mero sentimiento. De ahí coligen la necesidad de retirar del ámbito de lo público todo cuanto tuviera que ver la Religión.

 

Contra esta convicción se han situado no pocos pensadores científicos relevantes. Y lo han hecho desde su peculiar vocación de adentrarse en lo más profundo de la realidad. Llega un momento en el que uno se topa con la experiencia inenarrable del asombro. David Bohm (destacado químico cuántico y doctor en filosofía) sostiene cómo la realidad tiene que surgir de algo más profundo, cómo el orden visible se sostiene sobre un superorden esencial no asimilable con las herramientas convencionales de la ciencia. Uno de los padres (permítante decir “padres” y no “progenitores”) de la mecánica cuántica, Erwin Schrödinger, ha asegurado la incapacidad de la Ciencia de llegar a los significados globales. Glosaba, este magnífico pensador de la física moderna, cómo la Ciencia nunca podrá explicar el por qué la música puede elevarnos por encima de nosotros mismos. La modernísima tesis de la causación formativa postulada por Rupert Sheldrake (considerado por muchas como el Einstein de la Biología) plantea la necesidad de reconciliar evolución con creación, la primera actúa desde abajo, la segunda desde arriba, inmanencia y trascendencia se coimplican en una realidad única (como pasa con el cuerpo y el alma en el ser humano). Ilya Prigogine (Nobel de química) descubre cómo el orden surge a partir del caos, o si se quiere, cómo el caos es la antesala de un orden ulterior (parecen resonar aquí las intuiciones del Génesis cuando Dios crea –ordena- a partir de aquel caos primordial, confusión y desorden). Todo ello le lleva a postular la idea de una materia que está viva, dotada de la capacidad de autotranscenderse a sí misma (lo que él llama autopoiesis, esto es, capacidad de autorrealizarse).

 

Y podríamos seguir añadiendo nombres y postulados de científicos que tanto han aportado al desarrollo de la ciencia: James, Planck, Heisenberg, Pauli, Einstein, Eddington... Todos ellos han experimentado el asombro, lo sublime o, en palabras del teólogo alemán Rudolf Otto, lo tremendo y lo fascinante. Esta es la verdadera actitud de un hombre de ciencia que busca la verdad, pues no cerrarse a tal experiencia le ennoblece y le mueve a seguir buscando respuestas.

 

Se descubren así realidades que nos rebasan, la capacidad de contemplar el orden, la admiración ante el devenir de lo nuevo, y el asentimiento ante la inexorabilidad del tiempo que señala un antes y un después. Orden, creatividad y orientación, constituyen tres elementos donde Ciencia, Filosofía y Religión necesitan dialogar e interpelarse. La Religión, más allá de recluirse en los sótanos de la intimidad, necesita comunicar su relato. En efecto, el cristianismo responde a la constatación del orden con la afirmación de una realidad creada y ordenada, no a la deriva del acontecer caprichoso y contradictorio. Responde al devenir de lo nuevo postulando a un Dios que no se desentiende de su obra, sino que la sostiene desde su intimidad. Y a la tesis del tiempo responde con un Alfa y un Omega, un principio y un final, una creación que se orienta a la salvación.

 

Esa experiencia del asombro es la que acompaña al hombre desde que es hombre, y la que seguirá acompañándolo hasta el fin de sus días. Sin ella la realidad se vuelve opaca, pierde ese brillo que nos hace sentir y nos provoca a verbalizarla. Así las cosas, la experiencia de lo inefable no podrá sustraerse de la persona humana. Quien busca, honestamente, más allá de sí mismo, se acabará confrontando con algo que le trascienda. Por eso San Agustín encontraba a Dios en lo más profundo de lo humano, el “hondón del ser”, como a él le gustaba llamarlo. Y por eso, los profesores de Religión tenemos mucho que decir dentro del ámbito de lo público y, por ende, de la enseñanza. Nuestro relato es uno más, que debe respetarse, y un 80% de los padres y alumnos, libremente, quieren que lo sigamos enseñando, en aras de esa Escuela plural que todos deseamos.

Lisardo Santirso Vázquez,

profesor de Religión del IES “Astures” de Lugones

y miembro de la Plataforma “Religion en la escuela”